Naufragio moral y religioso
Los grandes barcos también se hunden. Es el caso conocido del Titanic, algo más frecuente en los tiempos de ayer. Por ejemplo, san Pablo nos cuenta que durante sus correrías apostólicas las embarcaciones donde viajaba naufragaron tres veces, la última, frente a las costas de la Isla de Malta, en el Mediterráneo donde iba como prisionero de los romanos rumbo a Roma; ahí le picó una víbora junto a la hoguera, y los acompañantes al ver su resistencia al veneno, se maravillaron e hicieron amigos de este gran apóstol y de sus creencias. El hombre es un ser moralmente responsable, y no por mucha ciencia dejar de tener vigor este principio. En n ombre de la ciencia no se puede imponer nunca criterios inmorales a nadie ni a nada porque la ciencia como tal carece de autonomía moral. Por tanto, cuando se aplican criterios de alguna ciencia para entender un problema se corre el riesgo de invertir la naturaleza del caso. Así ocurre cuando se p...