La Tradición nunca pasa de moda aunque algunos la ignoren
Hemos tenido suerte en los últimos años con los papas que nos han tocado, y, a pesar de los problemas, que nunca faltan, han salido airosos.
Entre los más intelectuales destaca la figura de Benedicto XVI, cuyo bagaje de publicaciones asombra. Se cuenta que después de su retiro recibió la visita del papa Francisco en su biblioteca. Este papa se sentó enfrente del escritorio de su antecesor y quedó asombrado por la cantidad de libros alojados en las estanterías de su biblioteca. Francisco comentó: ¿Ya ha leído todos esos libros? La respuesta le dejó pasmado: "Los he escrito yo".
Benedicto XVI solía decir de san Agustín, a quien realmente admiraba, que no conocía a nadie que hubiera leído todo lo escrito por este doctor de la Iglesia. Casi podríamos decir lo mismo de él. La cantidad de sus escritos es verdaderamente notable.
Quizá nos falta hoy más que nunca una de las tres características de los primeros cristianos, según se enuncian en los Hechos: el "compartir la vida", además del "rezo" y la "fracción del pan". Hoy nos falta tiempo para todo, a pesar de los grandes avances de la tecnología. Cuando la gente se junta en cantidades increíbles, nadie escucha a nadie porque el ruido, la música, los desplazamientos interminables impiden presta atención a quienes se halla junto a nosotros.
La vida no se comparte. A nadie le importa el vecino, pues bastante tiene cada uno con sus problemas. Se tiende a vivir en las grandes ciudades pero de incógnito. No queda lugar para la caridad, que va junto a la verdad. De ahí la indiferencia y el proliferar de chismes sin sentido en todas las redes sociales. Se tiene acceso a todo, pero no se tiene nada, especialmente la verdad. Y es precisamente esa verdad la que nos hace libres.
Nos puede llamar la atención con cierta frecuencia la soledad de muchas iglesias. Apenas acuden los feligreses en los días señalados, domingos y fiestas de guardar, y esta asistencia desmejorada favorece la entrada en escena de tantas opiniones y pareceres hasta el punto de ir olvidando la Tradición guardada por la Iglesia. Incluso sus mismos ministros, encargados de guardar con fidelidad esa voz venida desde Jesús por medio de sus apóstoles para esparcirla como buen semilla por todo el mundo, la modifican a su manera y diseminan doctrinas falsas.
En fin, hoy más que nunca urge ese "compartir la vida" con nuestros semejantes y, especialmente, con aquellos cuyas creencias tienen en el Bautismo el origen de su fe.
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