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¿Tenerle miedo a Dios?

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Hay tantas deformaciones en la manera de pensar y de hablar que, debido a la falta de ciencia básica sobre el tema, nos lleva muy lejos de la realidad. Uno de estos temas es el "temor de Dios". La gente se cree literalmente lo dicho en esta frase, pues se imaginan el temor como tener miedo a algo o a alguien. Sin embargo, las cosas no son así. Por un lado, Dios es la suma bondad y no nos puede sobrevenir ningún mal ni ahora ni en el futuro venido de su mano. Por otro lado, según dice santo Tomás de Aquino, el temor se oponer a la esperanza, pero él, Dios, es nuestra esperanza y no podríamos tenerle miedo. Sin embargo, Dios debe ser temido en cuanto podría infligirnos algún castigo  debido a nuestras faltas, pero sería un mal debido a nuestras faltas porque él es justo y sería una manera de líbranos de nuestras culpas. Por consiguiente, el temor se debe a cometer un pecado puesto que es una ofensa a Dios y porque nos puede castigar si lo comet...

El hombre es un ser en relación; luego.....

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Que el hombre sea un "ser en relación" no es un invento reciente de algún visionario. Somos imagen de un Dios, trinidad de personas distintas, aptos para ser adoptados como hijos por medio del bautismo. Estas personas distintas se "relacionan" entre sí de manera única y continua, sin confundirse nunca. La relación  es generada por el amor y ese amor, por serlo, respeta totalmente al otro, fundiéndose sin confundirse. La entrega al otro es total, completa, y al descubrir en una infinitud que nunca se acaba la incomparable grandeza de su ser divino y único, se enamoran más, si se pudiera decirlo así, de esas personas que no se acaban  de descubrir en su asombro. Cuando Jesús dice "el Padre y yo somos la misma cosa" o "quien me ve a mi ve al Padre" contrasta con las palabras dichas por Jesús, segunda persona de la Trinidad, cuando exclama "Padre, por qué me has abandonado". Por un lado, en esta frase surgida entre los dolores del Hijo en l...

Hablar de amor, ¿vale la pena?

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Si hablamos de amor se suele caer a veces en lugares comunes, muy lejos de la realidad. El amor es una palabra vigente en casi todos los rincones del mundo. Sin embargo, al ver los caminos  de la tierra, se pierde el en un eco remoto del significado de esta palabra. El amor sólo puede venir del amor, pues nadie da lo que no tiene. La primera pareja humana se pasea por el jardín del Edén. Nada les falta. Adán ha salido del barro de la tierra, y Eva de una de sus costillas. tal como se lee en las primeras páginas del Génesis. ¿Qué significa esto? Barro y  costillas. En primer lugar el origen de algo nos dice de su procedencia, pero también de su esencia. El hombre, visto así, es cercano a la nada: barro, tierra, fango.  Entonces, el amor, ¿de que se trata? En la unidad de ese hombre y esa mujer. De ahí saldrá la vida como un regalo de quien los puso ahí, en el Edén. Sólo en la entrega al otro, olvidándose de qué está hecho, en el darse hasta casi desaparecer....

El talento en la tierra y el del cielo

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Cuando uno cae en la tentación de escuchar los diferentes vídeos presentados en las redes sociales, descube una y otra vez el talento encerrado en niños, jóvenes y mayores, tanto en el arte del canto, de la interpretación, de la soltura en una conversación sin apariencias de ser algo serio. Desde luego, puede convertirse este asomo a los contenidos de las redes en una atracción perversa, que le aparta de la tarea debida. El paso siguiente ni debe ser enojarse por caer con frecuencia en esa atrayente espectáculo   de todo tipo de artes, aunque a veces las presentaciones tienen algo o mucho relacionado con la IA, hoy en boga creciente, y no se acaba de saber la verdad sobre los contenidos. Pero no se trata de dejarse caer en el enojo, sino de ver lo que estiman los hombres y compararlo con que el Señor nos guarda, como diría a santa de Ávila Teresa, quien además deja escrito en uno se sus poemas: "y tal alta vida espero". San Pablo nos cuenta sus sensaciones al se...

No se puede perder el tiempo (?).., pues nos jugamos la eternidad

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Tiempo libre. Quedarse en casa. Salir a la calle a dar una vuelta. Ir al trabajo. Pasear con los amigos. Ver la televisión. Esas son algunas de las alternativas de nuestra vida diaria. Pero se requiere orden; un saber de antemano cómo va a discurrir del día, sin improvisar. El orden ayuda a la serenidad, pues se sabe qué esperar. Esta disposición, sin embargo,  no libra de los imprevistos, de las contrariedades.  Estamos acostumbrados a pensar en el tiempo de esta vida, pero nos cuesta pensar sin tiempo. Dios es en un instante infinito. Venimos del infinito porque nuestro creador viene de ahí, de siempre, y ahí nos pensó. Por eso venimos con él desde siempre, porque Dios no se muda, como diría Santa Teresa. Aunque el momento de la creación supone un cambio para el hombre porque aparece la dimensión que cronometramos aunque el tiempo realmente no exista;  contamos lo que sucede   entre ésto y aquéllo, porque hay una distancia, un espacio, dond...

De vuelta a lo ordinario

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Si queremos verlo así, la Navidad se acabó, y comienza ese camino de sobra conocido, conducente al fin y en compañía del amor, que no es poca cosa. Y descubrimos lo ordinario, lo de siempre, esperándonos para realizarlo con cariño. Si falta este detalle la tarea se vuelve como un peso molesto que nos impide hacer lo que realmente queremos. Ofrecer el trabajo es realmente sencillo. Consiste en rectificar cualquier rasgo de autocomplacencia y dárselo a quien desde hace miles de años, justo en la creación del hombre, ordenó que el trabajo fuera su  modus operandi de cada día. Adán se dedicaba a conocer cada una de las cosas de su entorno y según su cariz les imponía un nombre. Como el hombre había sido hecho a "imagen y semejanza" del Creador, y esa persona trabajaba constantemente, así se resolvió ello sentido del día a día de estos habitantes de la tierra: fue creado para que trabajara. Durante un tiempo se creyó que el trabajo era algo denigrante, impropio de quien t...

Ya comenzamos el año, pero ¿queremos cambiar?

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La experiencia de Adán y Eva fue, sin duda, terrible. Con Dios no se juega. Todo lo tenían, menos un árbol: el de la ciencia del bien y de mal. Pero el tentador, también poseedor de todo, salido de la nada con  el encargo de alabar y dar gracias a su Creador por tanto bien recibido, quiso equipararse a Dios y le desafió. Quedó sin nada, reducido a ser pura soberbia y traición por toda la eternidad. Y el tentador se presenta así delante de nuestros primeros padres, ofreciéndoles ser dioses --un pensamiento que le roería el alma para siempre--, lo que a él le hubiera gustado alcanzar, pero se quedó encallado en la más absoluta de las soledades, en su  ambición, sin nada. Esa era la oferta diabólica hecha a la primera pareja humana.  Si consentían en comer el fruto del árbol prohibido renegarían de su propia naturaleza y, según la propuesta, serían  como dioses. Pasar toda la  eternidad sin el amor debido a Dios. Al consentir comer del frut...