Los santos que pierden la cabeza
Perder la cabeza en el lenguaje ordinario equivale a decir que alguien ha perdido el sentido común, que se ha vuelto loco. Algo así les ocurre a algunos santos, y no les falta razón. Cuando a algunas personas, como a los santos celebrados hoy, Marcelino y Pedro, del siglo IV de nuestra era, en realidad era una especie de locura dejarse cortar la cabeza por ni rendir el tributo requerido a quien era el supremo líder de los romanos Diocleciano. Pero en su fuero interno, uno como sacerdote, otro como exorcista, se habían determinado servir en Roma a quien era su único Dios por quien se vive. Esta postura era inadmisible para quienes regentaban el imperio, y el magistrado en turno resolvió quitarles a vida en un lugar secreto de los bosques circundantes para que nadie conociera el lugar secreto de su sepultura. Sin embargo los verdugos revelaron su paradero y unas piadosas mujeres desenterraron los cadáveres. Ahora se encuentran a unos kil...