La fe actúa a través del amor
La vida sin amor se convierte en un paraje desierto. Aunque el justo vive de la fe, sin embargo, creer en lo que no hemos visto nos obliga a sentir la presencia de quien es todo amor. Jesús, en todas sus alocuciones y parábolas, nos deja ver su presencia amorosa en la manera de acercarse a quienes pasan por su lado aunque a él no lo vean y aunque no sepan siquiera de quien se trata. La hemorroísa oyó de su presencia y debido al gentío siguiendo a Jesús, se conformó con tocar la esquina de su manto y quedó curada. Lo mismo ocurría con los ciegos, sin verle, él salía en su camino y les curaba para que, ahora sí, vieran. Nos puede suceder lo mismo muchas veces. Creemos, pero a la hora de la verdad nos salimos con la nuestra. El amor es un don y ese regalo no es apto en los escondidos vericuetos del alma. Se requiere de la paz interior, donde se fía del huésped que ocupa tanto cuanto le permitas. Pero, ¿qué es el amor? El amor es él, quien te creó sin tu...