Saber cuándo hablar...y callar
La virtud de la prudencia, como todas las demás virtudes, se aprende. Pero para darse ese aprendizaje se requiere de modelos claros y constantes. Las virtudes no se aprenden de un día para otro. Se requiere de tiempo, y, sobre todo, de ejemplo. Hoy estamos en un momento clave. Todos quieren hablar y cada uno encuentra la manera de hacerlo a través de algún medio por el que se alcanzan a miles de personas a quienes no se conocen la mayoría de las veces y, por tanto, se dificulta la idoneidad de los mensajes transmitidos debido a la diversidad de públicos receptores. La lengua siempre suele andar muy suelta, lista para proferir un punto de vista, expresión de los pensamientos propios sin considerar los ajenos. Si alguno se disgusta con esta naturalidad de espetar sin consideración alguna por lo ajeno, se le considera un débil mental. Lo que importa a algunos es prosperar en medio de esos receptores desconocidos. Si la gente supiera los grandes ...