Matrimonio de san José, y causales de divorcio
Hoy los matrimonios se rompen casi al salir del su celebración sacramental. Por eso algunos prefieren acomodarse en algún lugar para vivir en compañía, como pareja, sin haber pasado por la ceremonia que los constituiría como marido y mujer.
Este tipo de uniones de conveniencia está de moda. No hay problema alguno cuando no ha habido compromiso alguno. De esta manera, la falta de compromiso de por vida, reduce los riesgos al acceder a una separación sin más.
El problema aquí estriba el el amor. Sólo el amor es de por vida, y por conservarlo, no importa cuantos vejámenes se pudieran pasar. Porque el amor es para siempre, sólo quienes logran amarse de veras reconocerán el valor de este compromiso de guardar sin separación lo que Dios ha unido.
EL matrimonio no es una ocurrencia humana, y le conviene que así sea pues se trata de una unión de por vida.
San José pasó por momentos indecibles cuando vio que su esposa Maria estaba embarazada sin haber tenido relación alguna con ella. Le quedaba como alternativa denunciarla para que fuera apedreada según la Ley, o dejar el hogar sin decir una sola palabra a nadie. Aunque no vivían juntos todavía a la espera de recibirla e su casa después de haber contraído matrimonio, si bien podían mantener relaciones matrimoniales, cosa. que no había ocurrido en el caso de José y María.
José sabía que María era una mujer buena, incapaz de tener relaciones con nadie porque habían acordado no tenerlas incluso en su vida matrimonial. Luego la situación se presentaba como algo inexplicable.
Cuando decide abandonarla, como la opción más de acuerdo a su forma de pensar de María, un ángel le revela en sus sueños que lo concebido por su esposa era fruto del Espíritu Santo, y lo de ahí nacido se llamaría Jesús y sería la salvación esperada por Israel.
Es de admirar también la postura de María. Guardó silencio sobre la revelación increíble del arcángel san Gabriel. Nadie le hubiera hecho caso si se le hubiera ocurrido hablar del encuentro con el ángel y justificar así su estado.
Ella confió en Dios y guardo silencio. Él, José optó por guardar silencio y desaparecer de escena.
No queremos decir que las causales de divorcio en nuestro tiempo deban pasarse por alto, pero sí abrir un verdadero diálogo sobre la situación, estar abiertos al perdón y al arrepentimiento guiados por un director espiritual. Todo, antes de comer una relación hecha para toda la vida, y a la que los contrayentes se comprometen vivirla hasta que "la muerte los separe".
Vivir esto es difícil, y por ello se necesita ayuda de criterio y mucha sinceridad. No todos, pero quizá, al vivir la situación así se podrían salvar muchos matrimonios, y así guardar la promesa hecha delante de Dios y de acuerdo entre los contrayentes.
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