¿Por qué no se termina la guerra?

La guerra, en varias partes del mundo, no se acaba. Podemos decir que desconocemos las razones, que nunca hemos estado en una guerra, que oímos de lejos los argumentos de uno y otro lado para continuar la contienda...Pero no se acaba.
Sin embargo, las razones están definidas desde el principio. Se nos dice que Dios, el creador, es amor. Que ese Dios quiere ser amado. Que el prójimo es nuestro semejante y debemos amarle tanto como a nosotros mismos.Que nos tenemos que amar unos a los otros.
El mandato del amor se repite una y otra vez en la historia de la humanidad. Es la regla de vida y, sin embargo, no lo aprendemos, quizá, porque nunca nos lo enseñaron o porque nunca vimos el ejemplo de personas queriéndose.
Por el contrario, se prefiere invertir cantidades astronómicas en destruirse unos a otros. Y la muerte, lejos de enseñar el camino de conciliación, nos precipita en el abismo.
SI no aprendemos la regla de oro de la convivencia, de nada sirve que nos galardonen con el premio Nobel. La ciencia debe relacionarse con la fe. De qué nos sirve llegar a Marte, si dejamos en la tierra un mundo lleno de odio y destrucción sin fin.
¿Hay alguien por ahí que se atrevería a abrir una colegio con el nombre de Escuela Científica del amor?
No lo creo, pero me ofrezco a emprender tal locura, si se encuentran profesores debidamente formados en este sentido. Se trata de formarse en el amor, sin límites, sin descuidar un ápice el trabajo de la ciencia.
En primer lugar, quizá los mismos padres optarían por otros veneros, por ejemplo de la rigurosa ciencia con el idioma de preferencia.
El ejemplo debería cundir de tal manera que se vieran desquiciados los afanes bélicos en la sociedad.
Es cuestión de tiempo. Ya veremos.
Comentarios
Publicar un comentario