A quienes publican en los medios de comunicación

Ayer, prácticamente los profesionales de los media eran quienes publicaban sus artículos en periódicos y revistas. Hoy, quienes tienen acceso a los medios digitales, incluso los niños, se atreven a publicar sus ideas e imágenes.
Con el fin de difundir lo que sea oportuno o no, sin importarle los principios siempre presentes ni las consecuencias de no guiarse por ellos, vemos cómo se falta a la verdad de las cosas, muchas veces a propósito, otras por la falta de preparación y de sensibilidad cristiana.
La preparación no se improvisa como tampoco el acento imprescindible de la caridad, no sólo en las noticias del día sino también en todos los tipos de publicidad que, hoy día acompañan a cualquier tipo de publicación.
SI la unidad de las familias y de los pueblos nos importa se deben cuidar todos los aspectos citados.
Cuando se publica algo que vale la pena, suceden cosas extraordinarias. Déjenme poner un ejemplo, aunque no ocurra algo así a diario.
La zarza ardiente en monte Sinaí delante de Moisés. Hay tres elementos unidos en esa manifestación. La zarza, la llama ardiente y la voz que dice "Yo soy". Viene a ser como una manifestación de la Trinidad. Y atrae a Moisés esa presencia en medio de nada. Tres asuntos se congregan en uno. Ocurre otro tanto a la hora del nacimiento de Jesús: los ángeles se congregan y ganan con la noticia, los pastores acuden a ver lo sucedido, y los Magos en camino desde el Oriente se postran ante la Familia. También aquí, son tres los actores de este acontecimiento único.
La Trinidad nos envuelve, nos rodea, en cada una de las actividades diarias. De forma especial, a quienes tienen el privilegio de informar a los demás, cada día, de los avatares en cada lugar de este mundo. Por eso, deberíamos tener en cuenta el peso, la importancia de la caridad, del cariño, en nuestro quehacer profesional, especialmente si se lanza al mercado de la opinión pública.
No todos quienes reciben esas informaciones tienen suficiente criterio como para desterrar lo que a veces se publica sin tener en cuenta la verdad de los hechos o la conveniencia de compartir con quien ni se debe las carencias y debilidades de los demás. El respeto al prójimo tiene dos vertientes: la de quien publica y la de quien recibe esa noticia. Se puede hacer mucho daño al enviar sin ton ni son aquello cuyo contenido denigra o desvela innecesariamente lo que llega a nuestra conciencia. El bien y el mal existen siempre, y depende de cada uno el sopesar sus acciones y pensamientos y deseos antes de hacerlos explícitos a quien no corresponde.
Vale la pena considerar el bien común. No por tener acceso a una pluma tengo el derecho a difundir aquellos puntos capaces de malherir a quien los recibe y, por supuesto, de quien se habla.
Haz el bien y no mires a quien es una máxima a tener presente en todo tiempo y lugar, en la casa, en la familia, en las amistades y, en general, especialmente, a quien ni conocemos y recibe nuestros recados.
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