¿Por qué hay tanta dificultad en aceptar la vida?

Jesús nos dice que "yo soy el camino, la verdad y la vida".
Aparece como "camino" cuando se une a los discípulos de Jesús cuando, decepcionados por su muerte, se dirigen a Emaús, una aldea situada a unos 10 kilómetros de Jerusalén. Ante sus dudas, manifestadas ante su imprevisto acompañante, se sorprenden y admiraran cuando les va discurriendo por loa pasajes de la Escritura donde se habla de la vida y muerte de Cristo. Es decir, les muestra el "camino" de la fe.
Poco antes, cuando Jesús se encuentra ante el prefecto de la provincia romana de Judea, Poncio Pilato, para ser juzgado, le dice: "..todo el que es de la verdad oye mi voz". Jesús se muestra aquí como "verdad", pero el gobernador bajo el emperador Tiberio le responde: "¿Qué es la verdad"?, como buen escéptico que era.
En otro apartado, el evangelista Juan nos dice que Jesús manifiesta que él es "la resurrección y la vida", y "el que vive y cree en mí, no morirá eternamente". Sólo quien ha vencido a la muerte, es la verdadera vida y dura por siempre.
La dificultad de aceptar la vida es porque en esa postura aceptamos también la verdad y el camino para encontrarnos con Jesús. Es más redituable --piensan algunos-- vivir como a uno le place y creer lo que le conviene. Jesús nos marca el camino que a él le conduce y como les ocurrió a Juan y Andrés, primeros apóstoles, cuando después de bautismo de Jesús, siguiendo las indicaciones de Juan el Bautista, fueron siguiendo a Jesús y les invitó a seguirle.
Con este encuentro se define su vocación y pasaron quizá toda la noche escuchando al Señor, para salir convencidos de su procedencia: era el hijo de Dios, tal como les había dicho el Bautista.
Aceptar y cuidar la vida es encontrarse con su creador, y entender su sentido, la verdad de todo lo anunciado por las Escrituras, algo así le ocurrió a Agustín de Hipona, gracias a las plegarias de su madre santa Mónica. Descubrió que después de tanta búsqueda, el Señor estaba dentro de él, y ese encuentro le dio sentido a toda su vida.
Desde luego, Jesús se esconde en nuestro interior y se muestra a cada quien de la manera más conveniente. Él es la vida que se propaga y de seguro nos conduce a la felicidad, quizá muy alejada de lo que los media nos cuentan a diario.
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