Guerra sí: pero a la enemistad y al odio
Los amigos de la paz, con una voluntad muy digna, suelen buscar maneras sofisticadas de establecer la paz en el mundo. Pero el mundo es tan grande que no saben bien por dónde comenzar o se produce un cansancio casi al dar los primeros pasos.
El problema reside, dado el tamaño de tal empresa, en una falta de principios suficientemente sólidos como para no cejar en el intento propuesto. Se deslumbran a veces por la penetración de la prensa y se suele olvidar la radical fuerza de la fe.
Me suele venir a la memoria el momento del envío de los primeros doce a ir "por todo el mundo". Eran gente sin preparación, ni humana ni científica, provenientes de una tierra ocupada por la presencia del ejército romano, la primera potencia militar del mundo occidental en aquel tiempo y contraria a la expansión de una creencia cristiana, extraña a las ideas del imperio cuyo centro estaba establecido en Roma.
La fuerza en aquel tiempo se asemejaba bastante a la ostentada hoy por el imperio estadounidense. El camino de la fe no toca tales maneras donde eliminar al otro y dejarlo sin hogar ni medios para sobrevivir.
La filiación divina no es algo para ir alardeando en la vida familiar y social. Por esta realidad como fruto del bautismo recibimos una gracia capaz de revestirnos con el traje de cristianos asemejándonos gradualmente a quien es el verdadero hijo del Padre. Pero necesitamos cultivar poco a poco el ejercicio de las virtudes. No es cosa de un día.
Este proceso nos hará ver la grandeza de este don, y es ahí, donde también los demás se asombrarán de nuestro comportamiento al ver la magnitud de la caridad aun en las situaciones más controvertidas.
Sin duda, habrá quienes no quieran comprender el testimonio de la virtud y puede atacarnos de forma violenta. Pero ese odio manifiesto nunca es razón para emplear la fuerza y derribar al contrario.
Por el contrario, la práctica de la justicia, dando a cada quien lo que le corresponde, es la mejor manera de terminar con enemistades y odio entre las personas si de veras aspiran a llevar una vida digna.
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