Naufragio moral y religioso

Los grandes barcos también se hunden. Es el caso conocido del Titanic, algo más frecuente en los tiempos de ayer. Por ejemplo, san Pablo nos cuenta que durante sus correrías apostólicas las embarcaciones donde viajaba naufragaron tres veces, la última, frente a las costas de la Isla de Malta, en el Mediterráneo donde iba como prisionero de los romanos rumbo a Roma; ahí le picó una víbora junto a la hoguera, y los acompañantes al ver su resistencia al veneno, se maravillaron e hicieron amigos de este gran apóstol y de sus creencias.
El hombre es un ser moralmente responsable, y no por mucha ciencia dejar de tener vigor este principio. En nombre de la ciencia no se puede imponer nunca criterios inmorales a nadie ni a nada porque la ciencia como tal carece de autonomía moral.
Por tanto, cuando se aplican criterios de alguna ciencia para entender un problema se corre el riesgo de invertir la naturaleza del caso. Así ocurre cuando se propone como solución a la pobreza del mundo el exceso de población debido a alto coeficiente de la natalidad. Es decir, la comida no alcanza porque son muchos los habitantes de una zona determinada. Pues bien, ocurre exactamente al revés: la gente no es pobre porque es numerosa, sino que es numerosa porque es pobre.
No se reducen los problemas de la pobreza esterilizando a los pobres, así como no se curan los enfermos aplicándoles la eutanasia. Podemos ve estas formas de actuar incluso entre votantes y jefes de estado cristianos.
Cuando se pierde de vista el punto de vista religioso se suele desordenar la sociedad en su conjunto.
Queda claro que al principio al hombre y a la mujer se les dijo "crezcan y multiplíquense" por su creador, Dios, como una norma de garantía para su supervivencia. Pero los científicos de hoy, a pesar de las pruebas en contrario, sacan a relucir la libertad del hombre y el límite de los alimentos en la. tierra.
Cuando naufragan los principios del orden y se sustituyen por la lógica, es difícil llegar a decidirse por la búsqueda del bien común...El cristianismo no se reduce solamente una cuestión moral. Se trata además, de vivir la caridad, el amor.
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