Saber cuándo hablar...y callar

Ciencia del discurso perfecto: Cuándo hablar y cómo conectar con tu  audiencia


La virtud de la prudencia, como todas las demás virtudes, se aprende. 

Pero para darse ese aprendizaje se requiere de modelos claros y constantes. Las virtudes no se aprenden de un día para otro. Se requiere de tiempo, y, sobre todo, de ejemplo. 

Hoy estamos en un momento clave. Todos quieren hablar y cada uno encuentra la manera de hacerlo a través de algún medio por el que se alcanzan a miles de personas a quienes no se conocen la mayoría de las veces y, por tanto, se dificulta la idoneidad de los mensajes transmitidos debido a la diversidad de públicos receptores.

La lengua siempre suele andar muy suelta, lista para proferir un punto de vista, expresión de los pensamientos propios sin considerar los ajenos. Si alguno se disgusta con esta naturalidad de espetar sin consideración  alguna por lo ajeno, se le considera un  débil mental. Lo que importa a algunos es prosperar en medio de esos receptores desconocidos.

Si la gente supiera los grandes  efectos detrás de cada uno de los sacramentos se volvería loca de amor, en especial, de la penitencia (Ces onfesión) y eucaristía. Que Dios mismo venga a buscarte en medio de esta sociedad humana no siempre a la altura del bien común, donde se dejan de lado a muchos sin importarnos su suerte,  realmente toca el alma. 

No puede pasar de largo  que en el  sacramento de la Confesión, Jesús, Dios, nos habla por medio del sacerdote diciéndonos aquello que más conviene para seguir el camino recto y, sobre todo, a quien hemos ofendido nos sale al camino para perdonarnos todos las ofensas, sin importar su gravedad.

Ahí, en la Confesión, es la hora de hablar, claro, sin tapujos, aunque la vergüenza nos sonroje. Es también la hora de callar para escuchar los consejos que nos da el sacerdote y así poderlos llevar a la práctica.

El perdón es una de las mayores gracias que el hombre puede recibir. Ya casi no nos asombra porque está en todas partes ya que los media se encargan de difundir las venganzas hasta la muerte incluso en medio de las grandes ciudades y a plena luz del día. 

Hace falta animar y estimular el corazón de tantas personas obcecadas por eliminar a quien discrepa de sus puntos de vista o nos ha ofendido  con alguna de sus provocaciones.

"No tengas miedo. Habla y no calles", son las palabras del Señor a san Pablo en Corinto. Aquí san Pablo  recibe el mandato de hablar sin miedo, pero son muchas las instancias en el Evangelio donde el mismo Jesús calla ante las acusaciones sin fundamento de los judíos. Se trata de "saber cuándo" ayudados de la virtud de la prudencia.




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