La soledad de María, ¿realmente soledad?

Ya ha pasado el sábado santo. El silencio lo llena todo, incluso ls calles de una gran ciudad. Se trata de acompañar a María. Sola, envuelta en lágrimas, espera. Sabe de la pronta llegada de su hijo, pero sin conocer la hora.
Toda su vida ha sido una espera con fe. Los hijos no deseados con José al casarse cambian su vida con el "hágase" al arcángel Gabriel. Pero no sólo entonces se da un cambio; la humanidad entera va a poder ser llamada y serlo de verdad "hijos De Dios", ahora sí, herederos de la felicidad eterna sin merecerla.
Dios se ha vuelto loco con su criatura, el hombre. Una y otra vez endereza su destino en la vida, incluso al provocar le encarnación del Hijo trinitario en una mujer, muy joven, del poblado perdido de una pequeña aldea de Galilea: Nazaret.
Decirle sí a Dios es, sin lugar a dudas, la mejor afirmación del hombre desde su creación. Una joven ya comprometida con José, el artesano de la región, quiere de acuerdo con él, abstenerse de mantener relaciones con su marido. Pero, para Dios no hay imposibles. Ella se deja llevar por la palabra de ángel, venida De Dios, y de ahí, en ese momento, surge la salvación del mundo.
María ahora está sola. Llora, pero confía en quien ha puesto en ella su confianza. A una casi niña le pide que acepte ser la madre de Dios. Cuando Jesús se aparece a la moja polaca, Faustina Kowolska, le deja un regalo para todos nosotros: su imagen con la leyenda "Jesús, en Ti confío".
Es lo único que le importa al Señor, que nos fiemos de él y no de nosotros. Habrá dificultades, si duda, pero esas cosas debemos dejarlas a su quehacer. María se siente sola, sí, pero jamás Dios la va a abandonar a su suerte. Alia jacta est, su suerte está echada, y cuando queda en manos del Señor, no debemos preocuparnos al sentirnos solos.
Vayan por todo el mundo y prediquen lo que conmigo han vivido. Es una locura emprender caminos desconocidos, como Tomás que llega hasta Goa, en la India. Ese Tomás incrédulo, obedece y, hasta el día de hoy, se encuentran sus frutos en esa región.
Obedecer, obedecer y obedecer. Ahí está nuestro legado.
Comentarios
Publicar un comentario