Tranquilidad en el orden
Es una de las definiciones más aceptables de paz: la tranquilidad en el orden.
Hoy día se descuida o se ignora el significado de esta palabra de la que tanto necesitamos. Se quiere la paz pero a base de guerras, eliminando si fuera posible al contrario.
María, la madre de Jesús, es sin duda alguna la mujer más poderosa de la tierra, ahora y cuando nación su hijo. Él que era hijo de Dios, nace en una cueva y sus padre vivieron en una humilde casa de Nazaret toda su vida. ¿Por qué entonces las gentes entonces se esfuerzan en poseer a toda costa lo mejor, lo más exclusivo?
No se ha entendido quizá el valor de la pobreza. Tener, poseer, asegura la vida --según se cree--, pero se está siempre pendiente de si no llegará algún bandido y les quitará todo o parte de sus bienes.
Pero el problema principal está en el corazón. Apenas queda algún rincón donde pueda guarecerse el amor. El amor se escapa por las fisuras abiertas en las cosas materiales. A través de esas rendijas se cuela lo verdaderamente valioso y se entiende lo que Jesús le dijo al joven rico: "El hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza". Y el muchacho, que estaba dispuesto a seguirle, se marchó asustado y confundido.
La grandeza del no tener radica en el amor, un inquilino del alma que lo llena todo y puede darse a los demás, sin esperar nada a cambio. Cuando Pedro, después de la resurrección de Cristo, se acerca al Maestro y responde a la pregunta impensable de quien había sido traicionado. ¿Me quieres?.
No se trata de no tener sino del desprendimiento de las cosas materiales. La preocupación excesiva, más allá de lo necesario para sacar adelante una familia, el. trabajo o el lugar donde se trabaja.
Creo que en éso consistirá el juicio a cada quien. A quien es amor, por esencia, es lo único que le importa. Ama y haz lo que quieras, nos dirá el santo de Hipona, lugar visitado ahora por el Papa. El amor pone todas las cosas en orden y se está tranquilo. Uno se queda en el último lugar, dando su sitio a quienes se cruzan por el camino.
Los más de cinco mil hombres reunidos en el monte al atardecer querían escuchar al Señor, pero la aconsejaba que se retiraran debido a las distancias habidas a su casas y, porque ya no tenían qué comer. Los apóstoles ofrecen sus cinco panes y un par de pescados pero, ¿qué es esa minucia para tanta gente?
Este es el punto: nosotros somos nada, nada tenemos y poco valemos. Es cierto. Pero el Señor está a nuestro lado y sabe cuándo y cómo resolver los problemas porque para Dios no hay imposibles. Lo poco de nuestra valía no importa porque él todo lo puede.
Esa tarea realmente imposible bajo el punto de vista humano hay que dejársela a quien todo lo puede, y seguir tranquilos en la tarea encomendada.
En los países en guerra reina la intranquilidad porque hay puro desorden en todos los órdenes. Casas destruidas, familias viviendo al are libre sin nada con qué alimentase, miedo, angustia, odio. Mientras quienes agitan este desorden siguen viviendo como si nada hubiera pasado y se sigue amenazando con crear más caos.
Se ha pedido de vista la dignidad de la persona humana sin importar de dómde provenga. Nos falta educar más en el diálogo para resolver las diferencias o construir relaciones duraderas.
El hombre es un ser en relación, lo hemos dicho con frecuencia, y si esta dimensión no se fomenta se genera la aversión y la envidia en las familias, en la sociedad y entre países.
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