Año nuevo ¿vida buena o buena vida?
Estamos a punto de comenzar un nuevo año. Vemos, no sin cierta preocupación, el rastro de una vida no adecuada del todo con lo debido.
Los años pasan, y una y otra vez se repite la misma escena: un corazón arrepentido busca siquiera una luz que le indique el camino a seguir este año ya casi tocando la puerta.
Por supuesto, él ya conoce la senda de la verdad, pero siempre se deja atrapar en las redes de lo atractivo de las cosas materiales, mundanas, las apetencias de la carne y las propuestas engañosas del demonio.
Naturalmente, esta persona debe fomentar la búsqueda de la virtud de la fortaleza. Para ello, debe reconocer en primer lugar la presencia de la tuberculosis del alma: la tibieza. Su presencia se halla en el descuido de las cosas pequeñas. Quejarse por cualquier cosa que nos disgusta, hablar de más, en vez de mostrarse con más cariño en los encuentros con los demás (empezando por los familiares), en especial si su carácter nos resulta antipático.
Debemos pedir fuerza para aquello frente a lo que nos resulta costoso. Una anécdota de san Pedro Alcántara, franciscano, nos cuenta que en su vida eremítica, solía salir de su cueva casi desnudo cuando hacía un frío notable, y de esa manera al volver a su resguardo, se sentía más aliviado de las frías temperaturas.
Por supuesto, que no debemos seguir este camino, pero abrazar voluntariamente lo que nos incomoda ayuda a superar las dificultades del camino. Por ejemplo, no se trata de evitar a las personas cuyo trato no nos complace por algo, pero si sabemos darles una sonrisa, sin más, nos ayudará a vencernos en las dificultades del trato personal y quizá nos ganemos un amigo.
En fijn, aprender a sonreír puede ser un propósito adecuado para el nuevo año que ya casi comienza, y podemos ir agregando a la lista un sin fin de asuntos personales donde podemos invertir nuestro carácter y fuerza para alcanzar y dar buen uso a las gracias derramadas en nuestra vida, alma y espíritu.
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