El hombre es un ser en relación; luego.....
Que el hombre sea un "ser en relación" no es un invento reciente de algún visionario.
Somos imagen de un Dios, trinidad de personas distintas, aptos para ser adoptados como hijos por medio del bautismo.
Estas personas distintas se "relacionan" entre sí de manera única y continua, sin confundirse nunca.
La relación es generada por el amor y ese amor, por serlo, respeta totalmente al otro, fundiéndose sin confundirse. La entrega al otro es total, completa, y al descubrir en una infinitud que nunca se acaba la incomparable grandeza de su ser divino y único, se enamoran más, si se pudiera decirlo así, de esas personas que no se acaban de descubrir en su asombro.
Cuando Jesús dice "el Padre y yo somos la misma cosa" o "quien me ve a mi ve al Padre" contrasta con las palabras dichas por Jesús, segunda persona de la Trinidad, cuando exclama "Padre, por qué me has abandonado".
Por un lado, en esta frase surgida entre los dolores del Hijo en la cruz, nos habla de la "unidad", de la relación íntima trinitaria pero que en ese momento no siente, como si se hubiera nublado la cercanía de la relación.
Queda de manifiesto la relación pero se echa de menos la cercanía de quienes son distintos. Así ocurre con el hombre. Somos dioses porquero medio del bautismo hemos sido adoptados por la divinidad; pero la distancia entre un ser creado y su creador es infinita. Sin embargo, la relación establecida no es ficticia y podemos jactarnos de ser "hijos de Dios" en el Hijo.
Estamos llamados a la santidad y esta realidad nos procura el "sentido" de la vida. Tenemos un fin que nos rebasa a todas luces, pero podemos aspirar a él porque hemos sido redimidos por Cristo en la cruz, enseñándonos así cual es nuestro camino para alcanzarlo.
Sí somos seres en relación, con Dios y con los demás de donde nacen las nociones de igualdad y amor por los hombres...
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