De vuelta a lo ordinario

TRABAJO ORDINARIO, GRACIA EXTRAORDINARIA: MI CAMINO ESPIRITUAL EN EL OPUS  DEI | Scott Hahn | Ediciones Rialp, S.A. | Casa del Libro México


Si queremos verlo así, la Navidad se acabó, y comienza ese camino de sobra conocido, conducente al fin y en compañía del amor, que no es poca cosa.

Y descubrimos lo ordinario, lo de siempre, esperándonos para realizarlo con cariño. Si falta este detalle la tarea se vuelve como un peso molesto que nos impide hacer lo que realmente queremos.

Ofrecer el trabajo es realmente sencillo. Consiste en rectificar cualquier rasgo de autocomplacencia y dárselo a quien desde hace miles de años, justo en la creación del hombre, ordenó que el trabajo fuera su modus operandi de cada día. Adán se dedicaba a conocer cada una de las cosas de su entorno y según su cariz les imponía un nombre.

Como el hombre había sido hecho a "imagen y semejanza" del Creador, y esa persona trabajaba constantemente, así se resolvió ello sentido del día a día de estos habitantes de la tierra: fue creado para que trabajara.

Durante un tiempo se creyó que el trabajo era algo denigrante, impropio de quien tuviera cierto estatus social. El bien posicionado  socialmente debería dejar a los demás, sin tantos recursos, realizar las tareas necesarias para la supervivencia y el bienestar. De esta manera, esta creencia se establecía situaba al hombre en diferentes categorías según su estatus.

Y esta es una mala visión del rol del hombre en este mundo. Después de esta vida hay otra, eterna, cuyo estatus depende de la calidad del trabajo hecho en esta vida y del trato de cariño con los demás mortales. Es ahí, en esa otra vida. donde verdaderamente se disfruta para siempre según el trabajo realizado aquí. 

Me sorprendió una persona cuya tarea consistía en reparar los problemas relacionados con el internet en la casa. En la conversación con él me trataba de convencer sobre el verdadero sentido de la vida. Se trata de buscar la manera de pasársela bien, y después, si Dios saliera al encuentro, entonces le pediríamos perdón por los desmanes realizados durante la vida. Mientras, aquí, se trata de disfrutar todo lo posible y, en su caso, después de más de treinta años de matrimonio se había divorciado y se juntaba con otros amigos para buscar divertirse. Le comenté que cuando se corta el cable, su oficio, la electricidad no pasa y las acciones dejadas para la otra vida no  reparan lo dejado de hacer en ésta.

Es decir, el bien potencial de la otra vida se incorporaba para festejar en los días de vida vividos aquí en la tierra. Luego, al morir, si era pertinente, se pedía perdón y ya está.

Esta persona se quedo asombrada de que el trabajo ordinario bien hecho fuera la moneda con la cual se adquiere el mérito para ser feliz aquí y en la otra vida.

Por eso la vuelta a lo ordinario, lejos de constituir una carga abrumadora, se convierte en el medio para alcanzar la felicidad en la otra.









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