¿Por qué la devoción a la Virgen María?

En principio, la devoción a María significa la relación de una madre son su hijo. Ella, la Virgen María, es una verdadera madre de todos los creyentes. Su hijo, Jesús, estaba desnudo en la cruz, y nos dio lo único que aún le quedaba: su amadísima madre, cuando la dijo al apóstol Juan: "Ahí tienes a tu madre". Y desde entonces él la recibió en su casa.
María está siempre al pendiente de cada uno de sus hijos. Su especialidad era precisamente ésa: estar siempre al pendiente de cada uno de los detalles, como se demuestra en un par de detalles. Uno, cuando el arcángel Gabriel le anuncia que va a ser madre de Dios, parte "apresuradamente" --dice el Evangelio-- a visitar a su parienta Isabel, que vivía a unos 120 kilómetros de Nazaret, pues el ángel le había dicho que su prima estaba esperando un hijo. María sabía la situación de Isabel, una mujer mayor, sin ayuda, cuyo esposo se había quedado mudo al revelarle el arcángel que iba a ser padre.
Luego, unos treinta años después, estaba invitada a la boda de Caná, junto con su hijo y apenas cinco discípulos. En medio del trajín que supone una celebración de varios días, María se da cuenta de que se había acabado el vino, un autentico desastre en una fiesta donde la presencia de este licor era vital. Sólo María, pendiente de las necesidades de los demás, percibe la carencia y piensa que su hijo puede remediar el caso. Y así se lo dice: "No tienen vino". Ante la aparente indiferencia de Jesús, ella pide a los criados: "Haced lo que él os diga". Entonces, Jesús convierte seis cántaros de agua en un vino excelente, que asombra al encargado del evento. Ella sabía qué hacer para abrir las puertas del corazón de su hijo ante una necesidad.
Estos dos ejemplos son suficientes para entender la aparición de María, todavía en vida, al apóstol Santiago, desolado, a las orillas del Río Ebro en Zaragoza. Y hace lo mismo en México en 1531 al pobre Juan Diego, para solicitarle al Obispo que le construyeran un templo. Y a los tres niños pastores de Fátima en 1917, para mostrarles el infierno, el final de la I Guerra mundial y aviso de una II Guerra si la humanidad no dejaba de ofender a Dios, y la conversión de Rusia, y la visión de la persecución de la Iglesia y del Papa.
En fin, la Virgen María, siempre pendiente, se ofrece para solucionar grandes problemas de sus hijos en este mundo, por medio de personas incapaces de hacerlo por ellas mismas.
Ella, nuestra madre María, no nos deja jamás y apoya a su hijo en su querer de lograr la salvación de todos los hombres.
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