Democracia: ¿verdad o relativismo?
Cuando se habla de verdad, la sociedad se siente maniatada porque no todos en ella aceptarían las proclamas de tal verdad. Entonces, no queda otro camino a la democracia que aceptar las diferentes posturas aceptadas por quienes piensan de forma distinta, es decir, se abre así la puerta al relativismo. Todos deben caber en un sistema político si de verdad se trata de una democracia. De esta manera el relativista se ha convertido en una extensa plaga en la cultura de nuestro tiempo.
Lo que surge de estas consideraciones muestra ni más ni menos que una "sociedad liberal" donde no se pueden admitir la imposición de valores o criterios absolutos de ninguna clase.
Estamos suspirando siempre por la libertad, sin embargo, solemos mirar en el lugar equivocado. Se quiere pensar en una libertad sin cortapisas, sin el freno de una cláusula moral impidiendo el comportamiento deseado. Pero eso no es ser libre. No estamos diciendo que la democracia es mala, aunque sí es una forma imperfecta de la convivencia, y no agota las posibilidades de la caridad a la hora de ejercer el bien.
La libertad aspira siempre a encontrarse con la verdad. Y la verdad no es una ocurrencia de la razón, sino su adecuarse a la realidad de la cosa contemplada o estudiada. En ese sentido, la razón es un buen instrumento para encontrar la verdad. Por eso la ciencia no se opone a la fe; por el contrario, los hallazgos de la ciencia si son verdaderos son un complemento santo de la Revelación, a sabiendas se que esta última va más lejos porque nos la dice quien es el creador de todas las cosas y sabe su más íntima composición.
Faltan es esta convivencia el convencimiento de la verdad de quienes ocupan lugares destacados en el manejo de las empresas sociales y políticas, sin descuidar de manera alguna el ejemplo de sacerdotes y religiosos, y, por supuesto, de los padres de familia.
Cuando el ejemplo de los padres de familia se anubla entonces los hijos no tienen espejo donde mirarse a la hora de decidirse por un comportamiento adecuado en cada circunstancia de la vida, pues son muchos los llamados a una defensa de la libertad sin límite alguno, donde lo importante es "salirse son la suya" sin más. Tampoco se sostiene el apoyarse en el estado pues las ideologías que en él se encierran sin importar que se acepten por una mayoría sea una fuente de verdad cuando se deja su límite al capricho personal. Por tanto,el estado debe recibir de fuera la medida de conocimiento y verdad respecto a lo que es bueno para no caer en la postura de identificar el estado con la divinidad.
Asimismo, la Iglesia debe permanecer fuera del estado, si de veras se debe respeto mutuo, de modo que a verdad sea un servicio a las posturas del estado, aunque internamente la Iglesia debe mantener firme sus posturas morales de tal manera que sea la convicción de quienes se acercan a ella quienes las adopten y apoyen.
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