Afán de novedades

Puede ser una imagen de texto que dice "No todo lo que uno quiere, conviene."

Eran los tiempos de san Pablo. En una de sus cartas a los Corintios les recriminaba dado su "afán de novedades". Sin duda, en esa llamada de atención, sobresaldrían lo que hoy llamamos "influencers", debido a la veneración por lo novedoso y el afán de consumo, tal como se caracteriza el mundo de hoy. Sin duda, el llamado "apóstol de las gentes" se sentiría hoy en casa al advertir en la actualidad las mismas tendencias.

El afán de consumo  mueve a  minusvalorar el tiempo. También a despojar a otros de aquello que más le agrada pero de lo que carece.

Además hablar de "eternidad" carece de sentido. El tiempo presente manda. Pero ese tiempo dura tanto como dura lo consumido. Después del deleite con   esta presencia llamativa ya se forja  otra, todo es efímero. 

Lo que dura para siempre ha dejado de tener para muchos su lugar en las conversaciones y en los correos. El más allá se desvanece en los afanes diarios y se cifra la esperanza en un milagro por encima de las creencias.

Sócrates y Platón se suelen poner de ejemplo hasta nuestros días sobre la importancia del diálogo en la búsqueda de soluciones para los problemas de nuestro tiempo porque son prácticamente los mismos de hace dos mil trescientos años. Sin embargo, no se trata de resolver problemas o sobresalir llamado la atención de nuestros semejantes; se trata más bien de la actitud ante los problemas de la vida. Problemas nunca nos faltarán; por eso, lo que caracteriza al hombre no son tanto los desórdenes del ambiente como su postura de la libertad interior a la hora de enfrentar las contrariedades del día a día. Por eso, se echa en falta la presencia del amor en nuestras relaciones:  respeto, escucha, deseos de saber eso le falta a quien con nosotros convive  para emprender un camino más seguro y una preocupación por ofrecérselo a los  demás.

La presencia de otro en nuestro camino no es sólo una coincidencia en el espacio y tiempo con la nuestra, a quienes  por educación cedemos el paso cuando se cruzan en nuestro camino; por el contrario  no objetamos a nadie cuando se quiere sentar a nuestro lado para conversar porque tienen cuestiones pendientes,  sin resolver.

En definitiva, se trata de encauzar a quienes coinciden en nuestros trabajos y en nuestras horas de solaz por un camino que lleva a a felicidad, algo que supera cualquier "afán de novedades" a la moda.







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