Si te falta el amor...

                                                                                                                                                                                                                                      


De algunos apenas recuerdas su nombre, pero no te olvidas de aquel detalle de cariño sólo inteligible  porque se escondía detrás de una sonrisa. Todo parecía ordinario dentro de lo ordinario, y lo era, con una excepción. Aquel rostro visto tantas veces en lo encuentros de cada día, cansado como estaba de realizar con esmero los mil detalles de una entrega sin cálculo podía expresar la entrega sin límites de quien dar, mejor dicho, darse sin medida sin esperar   siquiera un céntimo a cambio.

Por supuesto, una mirada así sólo se encuentra, de entre todos los recuerdos del ayer,  el de una madre. Sin importarle jamás  la hora  del día ni los meritos del hijo, sacando fuerza de donde ya apenas quedaba una pizca de ánimo, ese gesto de acercamiento  íntimo se quedaba grabado en el alma para jamás borrarse de los recuerdos habidos de antaño. Es lo que se llama un memorial, el recuerdo vivo de una persona que se repite una y otra vez porque es único, pero, especialmente, porque se funda en el amor.

El verdadero amor no se borra nunca y se celebra con la frecuencia de quien quiere conservar lo más intimo de ese gesto que no se borra.



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