El agradecimiento, desde Adán
Por eso, al darnos cuenta de la presencia del "otro", podemos iniciar una conversación, un diálogo, para iniciar o estrechar una relación ya comenzada.
Lo absurdo sería no comenzar algo tan natural como el diálogo para adentrarse en la vida de un semejante. Al ver al otro como yo, al lado, pasando por el mismo espacio y al mismo tiempo junto a los sobresaltos de la vida, se alza un motivo claro de agradecimiento...Se desea saber más del "otro", no por curiosidad, sino para emprender juntos una caminata de esperanza.
Da tristeza saber, ver, a tantas personas, a veces muy conocidas y aclamadas, que pasan sus días y sus noches en la más completa soledad. Nada puede llenar ese vacío, porque está hecho a la medida de una persona, y sólo una persona puede llenarlo. No se trata de poesía, aunque se pueda escribir poéticamente sobre estos temas; se trata de saber que el hombre es un ser en relación, y sólo una persona puede llenar su corazón porque necesita de ese acompañamiento para avanzar por el camino de la vida.
Tanta gente sola. Los niños, porque ahora los padres tienen que trabajar, o porque su paternidad fue el resultado no querido de un momento de placer, para después romper la "relación". También, piensan algunos, con dejar a los hijos en la escuela ya se ha cumplido con la obligación de educar. El fin del matrimonio es criar hijos...para el cielo, y de ese trabajo nadie se puede desentender, si la familia ni el colegio. Debe ser el resultado de una combinación concertada. Y el Estado, debe velar para conseguirlo.
Deberíamos recuperar la alegría de Adán al encontrar a "otro" como él, a un semejante: "Ahora sí, ésta es hueso de mis hueso y carne de mi carne...". Esa es la admiración de los padres al ver nacer a su hijo, después de que los padres, novios primero, se miraron a los ojos, y descubrieron que el amor es una entrega.
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