Educar causando admiración.

La mayoría de los éxitos profesionales, reconocidos como tales por propios y extraños, suelen darse en un ambiente, donde las expectativas son de un cumplimiento normal, sin altibajos, apegado a la partitura según se trate.
Pero la admiración se sale de esta secuencia de normalidad para mostrar lo inesperado. Un niño se acerca al músico de una plaza para pedirle sentarse al piano para interpretar una pieza musical de difícil interpretación. O un niño contesta las preguntas de un locutor cobre asuntos familiares y con un desparpajo increíble decide que es la abuela, no el papá o la mamá, de quien recibe más besos. O un pianista con excelentes dotes de bromista, sorprende al anfiteatro con unos movimientos fuera de toda partitura debido al haber colocado las páginas al revés.
Lo admirable es siempre atractivo pero cuando se presenta inesperadamente causa tal conmoción en la audiencia... que atrae, y se quiere ser como lo admirado. El problema radica en saber si lo admirado vale no la pena, porque a veces una provocación puede parecer atractiva pero nos desvía del camino correcto
¿Y cómo saber si esa atracción momentánea vale la pena? Esta corriente actual de quienes causan la atención de los media por su adelantamiento en la moda y en algunas tareas de escasa o nula relevancia, no son el camino adecuado en la educación. Al contrario, suponen una distracción de los asuntos fundamentales de la vida como lo son, por ejemplo, tener hijos en el matrimonio pues son el aliciente en la empresa familiar sin lo que se acaba desvirtuando el compromiso mismo de fidelidad de por vida en la unión. Por el contrario esta tendencia de sobresalir a base de la "tendencia al desnudo" en cada circunstancia de la vida, es un claro modelo de inadecuación social que acaba perjudicando a jovenes y mayores, que, embaucados por la apariencia, siguen el rastro de quienes son incapaces de aportar algo sustancial al progreso familiar y social, base de una educación alejada de la contaminación contagiosa de tantas personas que renuncian a superarse en la moda, en las exigencias educativas en familia y en los lugares donde supuestamente se enseña a ser personas educadas.
En fin, educar es exigir en todo lo relacionado con el "bien común" aun a costa de una continua exigencia.
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