El último paseo de la vida
Ir a pasear es una invitación cómoda para escapar de las rutinas diarias y admirar un día más el paso de personas conocidas y extrañas en las calles y parques de la vecindad. Se divierte, descansa y piensa sobre asuntos varios que le vienen a la cabeza.
Pero. nadie suele pensar si ese será el último paseo de la vida. Quizá piense en el fin de su vida, aunque no vislumbre siquiera si está a las puertas de esa entrada nueva, eterna, donde se abrirá un diálogo con uno mismo y, luego, con el señor de todas las cosas.
Lo primero a ponderar será la postura del alma al verse, por vez primera, libre de as ataduras del cuerpo, sin más visión que la ofrecida por su interior de modo detallado, en un instante, comienzo de la eternidad donde ya no habrá tiempo. Y las acciones de la vida pasada, pensamientos y obras, desfilarán por a conciencia y se verá de forma clara, sin rodeos, la verdad del comportamiento de ayer y si se ajusta al plan divino pensado para cada uno por el creador.
Al ver su rostro ya sabremos que nos espera como resultado del balance de nuestra vida. Si no se aparta del plan concretado el rostro del creador será de una alegría sin límites al ver que se ha sido "fiel en lo poco" y nos regalan disfrutar de la inmensidad divina. Si en ese repaso se encuentran aspectos del comportamiento no deseables, pero no graves, el alma deseará con todas sus fuerzas limpiar esos rastros antes de ver al señor cara a cara. Pero si en la ponderación de la vida vivida encontramos puntos contrarios al plan divino en calidad de grave y no nos arrepentimos de haberlos cometido, entonces el alma querrá perderse en la obscuridad y no ver en absoluto al señor de la vida.
La condena en ese caso es personal pues porque se quiere permanecer de acuerdo con esas acciones que nos recriminan el uso de la libertad en contra de lo establecido y a lo que nunca quisimos hacer caso. Esta condena es eterna, para siempre, y es uno quien quiere apartarse de la verdad y de la presencia divina.
En fin, ahora que todavía se tiene tiempo, en esos paseos vespertinos, se puede rectificar y confesarse de esas culpas graves que impiden entrar en la visión beatífica de la Trinidad junto con todos los santos que se alegran del querer ser fieles antes de que se culmine le último pasea de la vida.
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