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El talento en la tierra y el del cielo

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Cuando uno cae en la tentación de escuchar los diferentes vídeos presentados en las redes sociales, descube una y otra vez el talento encerrado en niños, jóvenes y mayores, tanto en el arte del canto, de la interpretación, de la soltura en una conversación sin apariencias de ser algo serio. Desde luego, puede convertirse este asomo a los contenidos de las redes en una atracción perversa, que le aparta de la tarea debida. El paso siguiente ni debe ser enojarse por caer con frecuencia en esa atrayente espectáculo   de todo tipo de artes, aunque a veces las presentaciones tienen algo o mucho relacionado con la IA, hoy en boga creciente, y no se acaba de saber la verdad sobre los contenidos. Pero no se trata de dejarse caer en el enojo, sino de ver lo que estiman los hombres y compararlo con que el Señor nos guarda, como diría a santa de Ávila Teresa, quien además deja escrito en uno se sus poemas: "y tal alta vida espero". San Pablo nos cuenta sus sensaciones al se...

No se puede perder el tiempo (?).., pues nos jugamos la eternidad

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Tiempo libre. Quedarse en casa. Salir a la calle a dar una vuelta. Ir al trabajo. Pasear con los amigos. Ver la televisión. Esas son algunas de las alternativas de nuestra vida diaria. Pero se requiere orden; un saber de antemano cómo va a discurrir del día, sin improvisar. El orden ayuda a la serenidad, pues se sabe qué esperar. Esta disposición, sin embargo,  no libra de los imprevistos, de las contrariedades.  Estamos acostumbrados a pensar en el tiempo de esta vida, pero nos cuesta pensar sin tiempo. Dios es en un instante infinito. Venimos del infinito porque nuestro creador viene de ahí, de siempre, y ahí nos pensó. Por eso venimos con él desde siempre, porque Dios no se muda, como diría Santa Teresa. Aunque el momento de la creación supone un cambio para el hombre porque aparece la dimensión que cronometramos aunque el tiempo realmente no exista;  contamos lo que sucede   entre ésto y aquéllo, porque hay una distancia, un espacio, dond...

De vuelta a lo ordinario

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Si queremos verlo así, la Navidad se acabó, y comienza ese camino de sobra conocido, conducente al fin y en compañía del amor, que no es poca cosa. Y descubrimos lo ordinario, lo de siempre, esperándonos para realizarlo con cariño. Si falta este detalle la tarea se vuelve como un peso molesto que nos impide hacer lo que realmente queremos. Ofrecer el trabajo es realmente sencillo. Consiste en rectificar cualquier rasgo de autocomplacencia y dárselo a quien desde hace miles de años, justo en la creación del hombre, ordenó que el trabajo fuera su  modus operandi de cada día. Adán se dedicaba a conocer cada una de las cosas de su entorno y según su cariz les imponía un nombre. Como el hombre había sido hecho a "imagen y semejanza" del Creador, y esa persona trabajaba constantemente, así se resolvió ello sentido del día a día de estos habitantes de la tierra: fue creado para que trabajara. Durante un tiempo se creyó que el trabajo era algo denigrante, impropio de quien t...

Ya comenzamos el año, pero ¿queremos cambiar?

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La experiencia de Adán y Eva fue, sin duda, terrible. Con Dios no se juega. Todo lo tenían, menos un árbol: el de la ciencia del bien y de mal. Pero el tentador, también poseedor de todo, salido de la nada con  el encargo de alabar y dar gracias a su Creador por tanto bien recibido, quiso equipararse a Dios y le desafió. Quedó sin nada, reducido a ser pura soberbia y traición por toda la eternidad. Y el tentador se presenta así delante de nuestros primeros padres, ofreciéndoles ser dioses --un pensamiento que le roería el alma para siempre--, lo que a él le hubiera gustado alcanzar, pero se quedó encallado en la más absoluta de las soledades, en su  ambición, sin nada. Esa era la oferta diabólica hecha a la primera pareja humana.  Si consentían en comer el fruto del árbol prohibido renegarían de su propia naturaleza y, según la propuesta, serían  como dioses. Pasar toda la  eternidad sin el amor debido a Dios. Al consentir comer del frut...

Año nuevo ¿vida buena o buena vida?

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Estamos a punto de comenzar un nuevo año. Vemos, no sin cierta preocupación, el rastro de una vida no adecuada del todo con lo debido.  Los años pasan, y una y otra vez se repite la misma escena: un corazón arrepentido busca siquiera una luz  que le indique el camino a seguir este año ya casi tocando la puerta.  Por supuesto, él ya conoce la senda de la verdad, pero siempre se deja atrapar en las redes de lo atractivo de las cosas materiales, mundanas,  las apetencias de la carne y las propuestas engañosas del demonio. Naturalmente, esta persona debe fomentar la búsqueda de la virtud  de la fortaleza. Para ello, debe reconocer en primer lugar la presencia de la tuberculosis del alma: la tibieza. Su presencia se halla en el descuido de las cosas pequeñas. Quejarse por cualquier cosa que nos disgusta, hablar de más, en vez de mostrarse con más cariño en los encuentros con los demás (empezando por los familiares), en especial si s...

Lo tan esperado ya ha llegado: Emanuel, Dios con nosotros

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Ya estamos a unas horas de nacimiento de Jesús. Estamos ante el hecho más significativo, infinitamente más significativo de la historia. La naturaleza humana accede a lo divino porque Dios mismo, la. divinidad, ocupa el espacio de los hombres por el creado, con un fin. Dios nunca actúa caprichosamente. Hay un fin, siempre bueno, en cada una de sus acciones, revestidas siempre por el amor. Es de aquí, del amor, de donde surge el sentido divino en su ser que no tiene principio ni tiene fin.  Esto no significa que Dios es un algo estático, porque el amor no lo es. El amor siempre se ocupa de otro para hacerlo feliz. Exige un alguien a quien proyectarse, recogiendo a su vez, la infinitud dada a su condición de persona. Sin perder su esencia se transforma en lo que es,  un ser divino infinito, abierto a las emanaciones amorosas de otro como él.  Por eso, después de resucitar, Jesucristo le pregunta a Pedro una sola cosa: "¿Me amas?", pues para él ...

La alegría de vivir la Navidad en familia

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El camino hacia la Navidad llega a su culmen cuando junto al nacimiento del Niño Jesús,  José y María se unen los miembros de la familia, quizá para entonar un villancico. La familia siempre es un alivio y, como decía San Juan Pablo II, el fundamento de la sociedad. Si quitamos este pilar la sociedad se desploma, y, desgraciadamente,  no faltan ejemplos de esta clase, si bien, también aletean los casos para bien. Leía, no hace mucho, cómo en un país de fuerte raigambre católica como sería el caso de España, un 41% de padres de colegios católicos se declaran de izquierdas. Mientras el 5.5% de hogares monoparentales se da en los colegios católicos, en los no católicos este porcentaje alcanza a un 8.5%, y las parejas de hecho son el 18.3%  en los colegios católicos  y un 26.4% en los no católicos. Estas cifras, según se sabe, representan bastante bien a la sociedad en general. Así, poco a poco, se ha sustituido el deseo de "feliz Navidad" por el...